Vampiros

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Son tóxicos y virulentos. Y además quieren desangrarte. Su finalidad es la de minarte. Hacer de ti algo pequeño, nimio e insignificante. Te dirán que no se puede, que eso no lo hace nadie. Que es imposible. Que otros ya lo intentaron y que, chico, nada oye. Qué se le va a hacer. También te dirán que para qué, si eso no le interesa a nadie ni tiene importancia. Que no eres mejor que el resto, que solo eres uno más. Que ya te vale. Te dirán qué es lo normal y qué no. Que fulano es tonto pero zutano es todavía más idiota. Luego invertirán el orden de los factores para volver a decir lo contrario en la siguiente esquina.

Te cargarán de negatividad y de malas vibraciones, todo para que no sobresalgas y seas diferente, singular. Auténtico. Crearán confusión en ti, te harán dudar. Intentarán oscurecer tu mente con nubarrones, frases rimbombantes y chocolate. Te harán creer que tu “hoy” siempre será peor que tu “ayer”. Que los tiempos pasados siempre fueron mejores. Te engatusarán con palabrería barata y un poco de jabón, para que no te des cuenta cuando te la clavan, aunque sea con la puntita. Posiblemente todo esto llegue a afectarte en algún momento de debilidad, de confusión o de despiste. Lo siguiente que recibirás será una gran patada en la boca que haga saltar gran parte de tu dentadura. Te indicarán cuál es el camino a seguir, no el bueno, sino el rápido. Te dirán que hacer trampa está guay, que tomar atajos es siempre mejor. Que la película está mejor que el libro y que lo fácil es, de toda la vida, la clave. En cada momento de tu recorrido sabrás diferenciar lo correcto de lo fácil, lo vulgar de lo seguro. “Lo normal”.

Pero son pocos aquellos con los que coincidirás en que mejor vibrar que languidecer mientras van sucediendo episodios, mientras sigues en la pelea. ¿Para qué ir a 120 si puedes ir a 100? Te la jugarán. Y lo sabes. Verás cómo te ningunean y menosprecian. Olerás el tufillo de lo mediocre, chabacano y hueco. Un día hurgarás y descubrirás que tu contexto es únicamente atrezo y del malo, del de cartón piedra de serie-B. Que muchos de quienes te rodean son figurantes con una frase manida. Luego te insultarán, te salpicarán toda la mierda que puedan para sentirse así menos sucios. Podrán conseguir que desees el exilio. ¿Y todo esto por qué? Para que te conviertas en uno de los nuestros, para que formes parte de la gran familia. Twitearán tus fracasos y sellarán sus labios cuando lo bordes. Le darán o no al ‘Me Gusta’ para que sientas su presencia. Tartamudearás, te temblarán las piernas y sentirás el crujir de tus rodillas mientras intentas articular con tu boca de pez cualquier excusa mala. Te echarás tanto de menos que ni te reconocerás con otra gente. Lo peor… no vocalizarás, ni diccionarás.

Parecerás un lelo, paleto y provinciano que no sabe de qué va la vida. Darás de qué hablar. Mejor posturear, fardar y alardear de dónde estás, con quién y haciendo qué. Si total, ya está todo inventado… ¿quién te has creído que eres para desafiar a lo cotidiano? ¿A lo mundano y terrenal? Lo normal es ser normal y conformarse. Y punto. No volverse loco.

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