Solución Laporta

Elecciones en 2015. El Barça parece poner rumbo fijo hacia un horizonte después de naufragar en un lustro plagado con más sombras que luces en el epílogo del mejor equipo que el fútbol jamás ha parido. No se cumplen ni tan siquiera dos años desde que Tito consiguiera los 100 puntos o desde que Messi colocase su cuarto Balón de Oro en su museo, cuando ahora todo lo que rodea en Can Barça parecen ser ruinas.

Sandro Rosell heredó en junio de 2010 un equipo glorioso, exitoso y con un enorme recorrido triunfal aún por recorrer. Tan solo la inercia de una plantilla competitiva y ganadora salvó el culo del Presidente en sus primeras dos temporadas, con un balance positivo de una Liga, otra Champions y títulos menores como las Supercopas o el Mundial de Clubes. Rosell y su junta fueron capaces de desgastar a Guardiola hasta expulsarlo de su hogar, quizás no directamente, pero cuando a uno le hacen sentir incómodo e inseguro en su propia casa, lo mejor que puede hacer es coger la puerta y largarse. Pep siguió a Cruyff, el otrora ideólogo del barcelonismo moderno que se sacudió de encima el fatalismo, victimismo y la autocompasión.

¿Imaginan ustedes al madridismo haciendo lo mismo con Di Stéfano o al Atlético con Luis Aragonés? Si Florentino ya cometió el mismo error con Del Bosque, ¿cómo es posible que ahora, un torpe Sandro Rosell –y Bartomeu- cayeran en la autodestrucción? Florentino ha estado pagando hasta hace poco tiempo la factura de la penosa destitución de Del Bosque en 2003, un tipo humilde, de la casa y repleto de valores infundados en el madridismo más profundo que logró conseguir un puñado de grandes títulos, además del reconocimiento y el lugar que el club merengue demandaba desde el acabose de la Quinta del Buitre.

Rosell y su directiva se dedicó en cuerpo y alma a desautorizar por igual al laportismo, cruyffismo y guardiolismo, las tres vertientes más exitosas en los 115 años de historia del club. Humillar a Guardiola, sentar a Laporta en un banquillo o exiliar a Cruyff del palco del Camp Nou fueron las acciones más estrepitosas, por no hablar del feo a Abidal –despedirlo después de prometerle su renovación en público-, los escándalos con el fichaje de Neymar, o el caso Messi con Haciend, entre otros tantos marrones.

La solución pasa por la vuelta de Laporta y Txiki, sí o sí. No hay otra. Ya basta de confrontación y división en el graderío, el barcelonismo demanda títulos, estilo y prestigio. Recuperar la etiqueta perdida en 2010. Con o sin Guardiola –ya veremos-, el Barça no puede –ni debe- caer en los mismos errores del pasado y si un país que olvida su historia está condenado a repetirla, imagínense un club tan cainita como el Barcelona, romántico hasta la extenuación pero autodestructivo como él solo.

Se avecinan tiempos difíciles para el club y la afición. Apuesto por la continuidad de Messi, bien por resignación al ver que nadie puede afrontar el montante de su fichaje o por un cambio al timón del club que propicien los comicios y que terminen por tranquilizar al mejor jugador de la historia de este deporte.

No se pueden hacer peor las cosas y el socio debe ser consciente de qué vota y por qué vota, no sirve el despecho o el castigo. Laporta demostró en siete años su valía al recoger un equipo perdedor y arruinado para después dejarlo en lo más alto. Dejen trabajar a quienes saben y a quienes conocen el club.

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