Gracias, Paco

543030_147670275358321_1979315026_nAl gran Pacotto

No soy nada dado, cuando tengo una idea, a dejar pasar la ocasión, las horas o los días. Me gusta escribir en caliente, anotar cada palabra con todo el cuerpo en carne viva. Odio la sensación de estar dando vueltas en la cama mientras van apareciendo todo tipo de pensamientos y no puedo plasmarlos en ninguna parte. Siempre tengo una pequeña libreta en el cajón de la mesilla para esto, pero hace unas pocas horas no procedía. Estaba bloqueado.

Anoche me entere de que Paco había emprendido su viaje hacia el otro lado y me dejó un reguero de viejos recuerdos y anécdotas que han aflorado en un parpadeo. Paco solía tocarme los huevos con mi nombre. Él sabía que yo odiaba profundamente que un partido político se llamase como yo y aprovechaba siempre la ocasión para llamarme “Amaiur…7”, por el número de escaños de esta formación en el Congreso. Esta anécdota fue lo primero que me vino ayer a la cabeza y solo me quedó esbozar una sonrisa picarona.

Supongo que hoy muchos poblarán sus estados en las redes sociales para recordar al viejo maestro, al tipo que actuaba como centinela en las redes. El hombre pegado al cigarro en la explanada de la facultad. Un tipo pleno de energía, positivismo y humor por doquier. Mucho humor.

La última vez que coincidí con Paco fue en el especial que la Universidad organizó para conmemorar el 50ª aniversario de los Beatles. Un maratón radiofónico de 24 horas. Fue un orgasmo. Paco era un fanático del cuarteto de Liverpool. En algunos ratos muertos del proyecto solíamos intercambiar impresiones sobre las canciones que más nos habían marcado en la vida. Él decía que yo no tenía ni puta idea, que ni ‘Revolver’ ni ‘Rubber Soul’, que el mejor era ‘Sgt. Pepper’s’ y nada más que hablar. “Con las letras de ese disco aprendí inglés”, decía.

Tendemos a ensalzar la figura de aquellos que ya no están y este puede ser un ejercicio práctico de ello, pero Paco no fue un profesor. Paco era un maestro. Un colega. Apadrinó nuestro proyecto de fin de carrera y creo que lo hizo con muchísimo cariño. Nos dejó hacer y deshacer con bastante más libertad de la que inicialmente creímos. Su némesis era Carlos, una prolongación de Paco en las aulas, un alumno aventajado que se impregnó de su esencia. El Xavi de Guardiola. La versión 2.0 del doctor.

Nos indicaba que el periodismo no estaba en las aulas, en los despachos o en las redacciones. “Está ahí fuera”, decía y me guiñaba un ojo para cachondearse con cariño y socarronería de los temas que solía sacar para la revista. “La cabra tira para el monte, Pacotto”. Recuerdo cómo nos mostraba con orgullo unas fotografías en las que aparecía, libreta y lápiz en mano, embarrado hasta las rodillas. Buscando algo que contar a la gente. Creo que a él no le gustaba alardear de palmarés, pero nuestro homenaje con Cambio 16 le caló hondo y de vez en cuando nos contaba esto de aquél y del otro. Momentos íntimos del profesional y la profesión.

A Paco le escuché hablar sobre la importancia que tenía el hecho de pisar el terreno, de poner los pies sobre el barro y que aunque debíamos aprobar los exámenes para proseguir con la marcha en el sinuoso e incierto camino, el momento del encuentro con la vocación la descubriríamos una vez atravesados los tornos de la facultad. Creo que tanto Paco como Luis siempre quisieron prepararnos para “lo peor de lo mejor”, es decir: lo maravilloso es ser periodista, pero toda la negrura y mierda que contienen las catacumbas y alcantarillado de esta profesión no nos las enseñan en las aulas. El tándem Sancho-Guinea nos preparó para ello, a veces con dureza, pero con un entusiasmo único en el curso.

Hoy solo me queda agradecerte dos cosas, Paco. La primera… la versión de ‘Let it Be’ de Ray Charles que desenterraste en un plumazo. Un negro que canta como los ángeles la melancólica melodía de Paul McCartney. Unas notas que te acarician el oído como solo una madre sabe hacerlo. Cada vez que la escuche sé que te encontraré entre esos acordes. Y la segunda: el entusiasmo y amor por la profesión. Hago una pausa mientras aporreo el teclado entre el olor a café en una redacción desordenada llena de papeles, vuelvo a sonreír y pienso en si te gustaría este texto, supongo que hoy te encontrarás con muchos mejores que estos.

Gracias por insuflarnos parte de tu gran espíritu. Por servir como termómetro. Por tu locura. A mí de mayor también me gustaría ser Paco Sancho, pero me conformo con ser periodista.

 

Gracias, amigo. Buen viaje.

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