El principio del fin: el ‘White Album’

Nos situamos en 1968, en el año del verano del amor, en el mayo francés, en plena revolución social de la generación del “Baby Boom”. The Beatles elaboran en su particular laboratorio el noveno álbum del grupo, el primero tras la muerte por sobredosis de barbitúricos de Brian Epstein, manager del grupo desde 1962. La noticia de la tragedia pilló por sorpresa al cuarteto de Liverpool en plena meditación con un curioso y excéntrico personaje, el Maharishi Mahesh Yogi, caudillo anímico del grupo tras el fallecimiento d20e su mentor. Sin saber todavía el título del nuevo disco, The Beatles optan por hacer algo único hasta la fecha, un doble-doble álbum, un recopilatorio de todo el material elaborado en el retiro espiritual de la India, también supone el pistoletazo de salida al nuevo sello discográfico, “Apple Records”. El periodo en la India supuso el reorganizarse anímica y emocionalmente, la búsqueda de la desintoxicación etílica y tóxica, revitalización y camino luminoso hacia la verdad absoluta. El oficioso título del álbum, “White”, reflejaba de alguna manera lo vivido en la India por el afamado cuarteto.
Si por algo destaca el disco, además de su comercialidad y marketing (incluía un número de serie limitado y fotos íntimas del grupo), es por su variedad de estilos musicales y por supuesto en apreciarse por primera vez el individualismo por el que optaban los miembros de The Beatles en cada una de las canciones, haciéndose cada vez más notorias las diferencias y disidencias entre los cuatro, hasta concluir, de forma trágica dos años después, en la ruptura del grupo. Si bien es cierto que la atmósfera del disco estuvo cargada de polémica durante el proceso de elaboración y grabación, podemos afirmar que se trata sencillamente del disco con la resonancia más pura del grupo en ochos años de vida, con un Ringo Starr abandonando el grupo, la inclusión de Yoko Ono como compositora en la esperpéntica “Revolution 9” y el acompañamiento de Eric Clapton como primer “Quinto Beatle” de la historia. Fue declarado como “el principio del fin” para la etapa beatle. El álbum blanco pasó a llamarse simplemente “The Beatles”.
El principal foco de tensión en las sesiones de grabación del “White Album” fue la artista japonesaYoko Ono, novia del deprimido John Lennon, quien ya se encontraba sumergido entre los vicios de la heroína y la cocaína tras divorciarse de su primera esposa y haber abandonado a su hijo de 5 años, Julian. Algo que aprovechó sin dudarlo Paul McCartney para erigirse como líder del grupo hasta el final de los días en 1970, tras la publicación de “Let It Be”. “Macca” quiso hacer algo grande y sugirió al productor del grupo, George Martin, la creación de un doble álbum con la intención de mezclar varios estilos musicales que pudieran competir con grupos en pleno apogeo como The Beach Boys, Led Zeppelin o los eternos The Rolling Stones. Claro ejemplo de ello queda patente en canciones como la aperturista “Back In The USSR” (claro guiño izquierdista y carta de intenciones al comunismo), “Helter Skelter” (germen y génesis del Heavy Metal), “While My Guittar Gently Weeps”(espectacular solo de guitarra de Eric Clapton mano a mano con Harrison) o la polémica “Piggies”, himno utilizado por Charles Manson durante la matanza en casa de los Polanski. Precisamente otra de las peloteras que circundó al disco fueron los actos criminales de Charles Manson en Bel-Air al asesinar a la actriz y esposa del cineasta Roman Polanski, Sharon Tate, a quien arrancaron de sus propias entrañas el feto de 6 meses para después despellejarla y seccionarle con cuchillas los pechos de la indefensa mujer, pintando las paredes con la sangre de la asesinada las palabras de “Helter Skelter” y “Piggies”. Charles Manson declararía años más tarde en el juicio por el asesinato de Tate el haber sido poseído por la melodía y letra de ambas canciones, lo cual hizo etiquetar al álbum como uno de los prohibidos.
Las disputas en el seno del grupo eran cada vez mayores, hasta llegar al punto en el que Lennon delegó en Yoko todas sus aspiraciones y responsabilidades como compositor y músico en la banda. Ono, artista japonesa perteneciente a la aristocracia de su país, apenas poseía el más mínimo conocimiento musical, sugería y discutía con el resto de la banda puntualizaciones y matices acerca de la resonancia del grupo, originando peleas, altercados y discusiones que rozaban lo siniestro y que terminaban en días sin hablarse entre sí. El álbum supone el fin de John Lennon como beatle activo, nunca más llegó a interesarse por hacer algo de provecho dentro de The Beatles, incluso llegó a parodiar a su socio Paul en el “Rock & Roll Circus” de los Stones con la creación del megagrupo musical llamado “The Dirty Mac” (en clara alusión a McCartney), poco después de la publicación del “White Album”, en una memorable actuación donde interpretó otra joya del disco, “Yer Blues”. Tan sólo tres pinceladas en el disco pueden salvar el honor y trayectoria de Lennon como músico en el noveno álbum del grupo: la ilógica parodia melódica “Happiness Is A Warm Gun”, “Julia”, balada dedicada a su malograda madre y “Yer Blues”, un atrevido y agresivo rock con tintes autobiográficos del momento.
No obstante, la nota positiva del disco fue la progresión de George Harrison. La mejor canción de todo el disco, “While My Guittar Gently Weeps” fue obra suya. Ayudado por un excepcional y majestuoso Eric Clapton a la guitarra, George creó uno de los himnos del rock progresivo, dando un golpe encima de la mesa como compositor competente dentro de los Beatles. Si Harrion ocupó la cara de la moneda, a quien hay que otorgarle la cruz es al bueno de Ringo. El baterista abandonó el grupo indefinidamente por “sentirse aburrido mientras todos hacían algo”. Ringo Starr nunca destacó por ninguna de sus composiciones (hay que esperar hasta el último álbum del grupo, “Abbey Road”, para ver algo de calidad del mayor de los Beatles) y se mantuvo ausente durante semanas. Paul McCartney es quien toca la batería en “Back To The USSR”. Hay quienes afirman que el álbum no llega a alcanzar el estatus de icono que poseen tanto “Abbey Road” como “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, ya que alegan encontrar demasiadas canciones de relleno dentro del disco como bien puede ser la lista que engrosa la cara “B” del segundo vinilo.
Pero sin lugar a dudas, fue Paul McCartney quien aprovechó a la perfección la desintegración del grupo y la pérdida de Lennon en el limbo. Una vez muerto Brian Epstein, el grupo carecía de un padre, un guía que dijera qué, cuándo y cómo. Paul quiso ocupar indefinidamente el hueco dejado por el descubridor de The Beatles con la clara intención de sacar adelante al grupo y no dejarlo en el olvido, algo que no se tomó excesivamente bien el resto de la banda, ya que acusaron a McCartney de querer apoderarse del emporio creado a lo largo de los últimos años, negándole en todo momento la posibilidad de distinguirse sobre el resto. Nada más lejos de la realidad. Paul era el auténtico músico, un purista y un tío con más de dos dedos de frente. El perfecto visionario que, de haberle dejado, hubiera hecho inmortal al grupo, pero como todos sabemos de sobra, las disputas legales, la batalla interna de egos y la locura de Lennon acabaron con la banda a mediados de 1970.

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