Días ‘D’

No soy muy amigo de ‘Los días de…’, pero admito que los 13-F siempre me tocan por dentro. Hoy es el Día Mundial de la Radio, el soporte más mágico, increíble y precioso de la comunicación. Cada año recuerdo la imagen congelada de mi primera vez ante un micrófono, los nervios previos, el sudor frío cuando el piloto rojo te deja en bragas ante la audiencia…

Sin embargo, hoy me ha venido otra estampa a la que tengo más cariño, la del rito e iniciación en esta maravillosa profesión. Un par de noches después de que Brasil ganase su último Mundial (verano de 2002) acudí a la sede de la Cadena SER en el mítico portal de Gran Vía 32, en Madrid. Mis primos me invitaron a ver su segundo programa. Acudí a la radio acompañado por mi padre. Mi primera vez. Rozando los 15 y con miles de puertas por abrir todavía, yo era un mar de dudas respecto a qué quería estudiar. No me convencía nada. Mi vocación quedaba por descubrir. En una de las primeras noches de aquel caluroso y pegajoso verano madrileño la vocación vino a mí.

Mi primo nos sentó dentro del antiguo Estudio-1 de la SER a mi padre y a mí unos minutos antes de comenzar el segundo capítulo de Milenio3. Nosotros no entendíamos de cortes, indicativos, menciones o por qué todos se mostraban tan agitados al otro lado de la pecera. El característico frío siberiano que guardaban las viejas tablillas de madera del estudio estuvieron a punto de jodernos el verano. La espera se hizo eterna y sumidos en la penumbra a la que durante 13 años ha acostumbrado Iker en todas y cada una de sus intervenciones en directo, comenzamos a acongojarnos. Mi corazón latía como si no hubiera mañana, y ansioso como una mona, no paraba quieto apoyado sobre el piano. A los 15 segundos del chivato de los pitos en las horarias, Iker y Carmen atravesaron una hermética puerta y mediante gestos y varias indicaciones, Milenio3 echó a rodar con Paul Naschy como invitado de la noche para hablar sobre películas de terror y misteriosas historias que envolvían el cine negro. Soy una persona difícil de hacer callar, pero aquella noche contuve mi fácil verborrea y me mantuve mudo y atento a cada palabra, a cada movimiento y fascinado con la destreza del tipo que manejaba las músicas en control.

Mi cabeza solo me pedía una cosa: “quiero hacer eso”. Al terminar el programa, a la pregunta de “¿cuánta gente os habrá escuchado hoy?”, Iker me contestó que tal vez 300 o 400mil. ¿Imagináis vuestra voz contando la historia más increíble del mundo ante una parroquia de 400 o 500mil personas y todos escuchando? Ese día tuve claro que quería ser periodista, que mi sitio estaba en la radio y que no quería otra cosa, ni tan siquiera dedicarme al balonmano. El primer sábado de julio de 2002 conocí mi vocación, no mi profesión. Una forma de vida tan única que le hace a uno renunciar prácticamente a todo solo por estar ante un micrófono contando historias. Las que sean. Me prometí volver un día… y lo hice.

En el verano de 2012, 10 años después, me senté en el mismo sitio, pero esta vez para contar yo las cosas y que otros me escucharan. Fue tal vez la aventura más maravillosa y loca que me ha tocado vivir en todo este poco tiempo, aunque también la más intensa y apasionante. Hoy solo toca alzar el grito al cielo para clamar aquello de… ¡Larga vida a la radio!

Post Your Thoughts