Con mucho, mucho amor

13094135_463413967181722_7729232515258344033_n

Comenzaba hace justo un año a reclutar mecenas para financiar mi primer libro. Sí, mecenas. Esa palabra que nadie entendía y que debía definir en cada conversación, cual comercial. No fue una tarea nada fácil. Complicadísima, más bien. El desconocimiento hacia las nuevas tendencias, la poca o nula comprensión de muchos hacia el micromecenazgo y el hacer al fin pública una idea que rumiaba desde hacía años me desconcertaba por completo. Me aterraba.

La editorial estableció 150 apoyos para sacar adelante la obra en 30 días de campaña. Yo no daba crédito. ¿Cómo iban a poner dinero 150 personas para el libro de un desconocido? Elaboré una generosa lista y comencé a clasificar todos esos nombres en grupos de amigos, familia, clase, universidad, balonmano, trabajo, vecinos, conocidos… la lista era interminable, sí, pero… ¿lograría el objetivo? ¿Quién en su sano juicio está a favor de depositar su dinero a cambio de un ejemplar del que todavía quedan decenas de páginas por escribir? Reconozco que albergaba mis dudas. Eran terribles.

13087458_463413943848391_4776727578158569885_n

En 11 días conseguimos el objetivo. En 15 lo superamos y al cabo del mes exacto para cumplir con la editorial, alcanzamos los 171 mecenas que financiaron Los 9 de John Lennon; el libro que siempre quise leer, el manual de John Lennon que faltaba en mi colección -y espero que también en la de muchos fanáticos del músico- y ya no había marcha atrás. Conseguimos varios miles de euros y ahora tocaba estar a la altura. Debía esforzarme más que en toda mi vida anterior para satisfacer al lector. La cosa iba muy en serio. Ahora comenzaba una relación entre autor y lector, un vínculo muy estrecho del que yo ya había formado parte como copiloto, pero ahora me tocaba navegar y llevar a buen puerto el buque.

Afloraban miles de dudas: ¿cuántas páginas? ¿Eran necesarios varios pies de página y tantas notas? ¿Cómo iba a diferenciar mi libro de las casi mil biografías existentes que yacían en tiendas y bibliotecas de todo el mundo sobre Lennon o The Beatles? ¿Lograría vender un solo ejemplar? Preguntas banales con respuestas obvias, pero que acechaban sigilosamente cualquier silencio incómodo que aparecía desde la nada.

13103424_463414027181716_1401462955297318062_n

Hoy todas aquellas cuestiones propias de los nervios del primerizo, de la excitación por ver negro sobre blanco tu trabajo de años  y de conocer las impresiones de todos los lectores, han quedado totalmente resueltas. La primera vez que, entre el anonimato, el griterío y la muchedumbre, en mitad de un gran almacén, agarré mi libro de entre las decenas de textos que lo rodeaban y acompañaban, no me lo podía creer. Fue algo mágico. Un primer contacto con mi criatura, con su etiqueta marcada con el precio y ante los ojos de centenares de compradores que, en cualquier momento, podían cogerlo y llevárselo a casa.

Las primeras veces solía acercarme a todas las tiendas para comprobar si alguien lo había adquirido. Aunque el resultado nunca me dejó tranquilo. Si lo encontraba, me mostraba contento a priori, pero después entendía que si seguía allí era porque nadie lo había comprado. Lo mismo sucedía si no lo veía: necesitaba rellenar el espacio dejado por otro ejemplar. Lo colocaba visible, para que todos lo vieran. Yo parecía ser el único que se fijaba en él. Brillaba y destacaba por encima de todos los demás montones, por muy enterrado que pareciera estar. Llamaba a mis oídos.

12705540_438328459690273_6236686488390741448_n

Después de las tres presentaciones (febrero-marzo-abril) y de varias entrevistas concedidas a medios locales y nacionales, mi sensación es la de contar siempre lo mismo, la de haberme agarrado a un discurso ya algo manido para hacer ver que cuento algo distinto, cuando quizás, ya es redundante. Recapitulo y pienso en una nube de tags que le dan consistencia a mi discurso, que desenfadan un tono que mide muy bien la temperatura de lo que digo. Siempre recurro a las tres palabras que alguien muy querido me enseñó para esta profesión: entusiasmo, pasión y amor. No me ha hecho falta nada más.

Intento transmitir ese mensaje: “ama lo que haces, pon el corazón en ello y serás recompensado”. Es un mantra que repito cuando se nubla la mente o simplemente para coger carrerilla e impulso hacia un nuevo horizonte o reto. Esta ha sido la primera vez en mi vida en la que no he sentido la tediosa sensación de estar trabajando en balde para otros, que ni tan siquiera terceros se aprovecharían de mi trabajo. Yo era el dueño de mi destino. El timón solo estaría en mis manos.

Captura de pantalla 2016-04-28 a las 18.58.44

Los 9 de John Lennon es algo más que un libro, es un grito de liberación, de rotura con todo lo anterior en un ciclo vital plagado de dudas, sinsabores y muchas decepciones. Es el resultado final de un anhelo, de una realidad que antaño se asemejaba a una nebulosa lejana en el espacio y en el tiempo. Creo que este es el camino a seguir, el del impulso, las convicciones y el fulgor interno. Ese que te empuja hasta la meta. El que te fortalece cuando las piernas parecen flaquear, el que te blinda ante lo externo y desconocido. La fuerza interior que convierte un torbellino de negatividad en un oasis en la nada.

La última estrofa que cantan los Beatles, en su última canción dice así: “y al final, el amor que te llevas es el mismo que has dado”. El cariño, amor y apoyo que he recogido durante estos últimos 12 meses no puede medirse, ni tampoco cuantificarse. Es infinito e inmortal. Gracias a todos aquellos que habéis estado apoyando esta loca idea, esta aventura tan maravillosa que me ha servido para ponerme a prueba.

Post Your Thoughts