Alma de goma

Si en algo eran grandes The Beatles, no cabe la menor duda que era en hacer música, pero algo más allá de cualquier conjetura musical, lo que de verdad les ha permitido liderar todavía hoy los elencos de amplios éxitos, es lo que siempre han significado para gran parte de una generación rebelde, protestona y reivindicativa, la del “Baby Boom”, la nueva hornada que sintió cómo el grupo británico lideraba sus ideales muchísimo más allá del vinilo y que tras muchos años de retaguardia, mostraban ante el planeta que precisamente ellos no eran los próximos sumisos en los siguientes tiempos. En fin, introducciones de mediocres manuales aparte, me gustaría comenzar hablando de mi disco preferido, “Rubber Soul” (Alma de Goma). Posiblemente la totalidad de los beatlemaníacos y puritanos del pop de los sesenta y setenta prefieren quedarse con “Sgt. Pepper’s” o “Abbey Road” como principales estandartes en el catálogo, quizás por el poder que connota cada uno, el momento en el cual fueron lanzados, los mensajes ocultos entre sus letras o por qué no decirlo, las portadas de ambos.

“Rubber Soul” es quizás el disco en donde The Beatles pierden la virginidad musical y parten hacia un nuevo horizonte entremezclado de nuevas experiencias, cocaína, LSD y un cúmulo de aislamientos en sus vidas cotidianas, dejando de lado (ahora que podían permitírselo) el single más comercial. Marca la transición de la resonancia original del cuarteto, junto con el “Yeah-yeah”, a ocuparse un poco más por las insinuaciones a las incipientes generaciones ante las que tal vez John Lennon quería manifestarse desde su puño y letra. Bien es cierto que las tendencias marxistas de Lennon no aflorarían hasta casi la disolución del grupo con la penetrante “Revolution”, toda una declaración de amor e intenciones hacia las corrientes más izquierdistas de la época. “Rubber Soul” se lanzó a finales de 1965 con el propósito de ser el regalo perfecto para la Navidad que se avecinaba, se trataba del sexto álbum del grupo en apenas 3 años de existencia y tras el rotundo éxito de su antecesor “Help!”, tanto en las listas de Billboard como en taquilla, la insistencia de Harrison por innovar y probar nuevos sonidos pudo apreciarse tras su primera estancia por la India. George siempre fue el talento minusvalorado en el seno del grupo, quizás porque había alcanzado la mayoría de edad recientemente y debido a la sombra de la sociedad compositora Lennon/McCartney era demasiado alargada, ya que junto a Dylan comenzaban a postularse como los futuros monarcas de la composición.
Los innovadores sonidos no fueron pega suficiente para echar atrás algunas de las canciones del disco como “Norwegian Wood” o “The Word”, las cuales fueron en un principio censuradas por el productor George Martin por considerarlas “algo primitivas y fuera de lo común dentro del pop”. La apuesta de Harrison por ellas creó un enfrentamiento ante la dupla que lideraba el grupo, pidiendo cada vez más protagonismo entre las letras y firmas de sus propias canciones. Cabe destacar la nula participación de George hasta la fecha de la publicación de “Rubber Soul” a la hora de componer. La aportación armónica de Harrison se limitaba a coros en conciertos y poco más, relegándolo a una posición casi insultante para el guitarrista. Los temas son bastante sencillos, notándose en ellos la amplia economía de recursos y la cuidada producción de Martin, así como la utilización de voces, las cuales fueron grabadas tres veces para que finalmente se escuchasen nueve voces, (véase al escucharse “Nowhere Man”) algo que dificultó en gran parte a The Beatles en sus venideros conciertos por Norteamérica. Por si alguien mantenía alguna duda, las novedosas grabaciones de los chicos de Liverpool volvieron a arrasar en ventas, dejando las cifras de su antecesor “Help!” en mera anécdota y liderando las listas de éxitos durante más de 2 meses.
Melódicamente hablando, los Beatles ensancharon la resonancia del grupo, destacando influencias de grupos del momento o del mismo Bob Dylan, y por qué no decirlo, también en recursos instrumentales, certificando el primer disco en utilizar una sitara india en “Norwegian Wood”. Fue Ravi Shankar, maestro de maestros de la música hindú, quien ayudó a Harrison con clases de sitara. Pero sin lugar a dudas, en este álbum es donde podemos encontrar la mejor canción de las casi 300 del catálogo musical de The Beatles. Me refiero a una de las perlas del dueto Lennon/McCartney; “In My Life”, canción en forma de poema lennoniano donde el líder de la banda abre las puertas de su adolescencia a los fans de la época, ayudado por el productor musical George Martin al mando de un piano con cierto estilo barroco y estrambótico. Años más tarde, John Lennon afirmaría en una entrevista llena de sarcasmo y cocaína que “aquella canción fue una oda para todo nuestro sucio y aprovechado entorno”. Pero “In My Life” no fue la única joya que quiso dejarnos John para la posteridad. “Girl” (donde refleja sus problemas referidos hacia la promiscuidad y la ninfomanía) y “Nowhere Man” (vaga descripción paterna y del sino del propio cantante). Ambas pronto llegaron a convertirse en el escaparate perfecto para transmitir al público la propia introspección de Lennon hacia el resto de los mortales.
Podríamos decir que las aportaciones de Paul siempre fueron de un grado exquisito, pero McCartney comenzaría a liderar y a probar en solitario dentro de un estudio a partir de “Sgt.Pepper’s,” ya que hasta la fecha, Lennon era dueño absoluto de cualquier vislumbre musical. “Michelle”, “Drive My Car” o “I’m Looking Through You” fueron las pistas que ayudaron a marcar territorio a Macca ante sus propios compañeros. Las disputas de egos comenzaban a palparse dentro de la atmósfera beatle, la cual no se desvanecería hasta el trágico asesinato de John en 1980. Resumiendo: la dupla formada por John y Paul comenzó a bucear entre temas que no fueran el típico romanticismo comercial, específicamente, dándole la vuelta a la tortilla, donde primaban y cobraban protagonismo las relaciones fallidas con mujeres, el machismo y el fatalismo. Contenidos a tratar como la ambigüedad sexual, la inmadurez, la promiscuidad, los celos e incluso la violencia física, pudieron detonar varios escándalos entre los millones de fans del grupo, pero la magia de The Beatles fue suficiente como para eclipsar tan disparatado repertorio en sus letras. Eran tiempos en donde Lennon llegaría a ilustrar ante los medios aquello de “Los Beatles somos más populares que Jesucristo, no hay por qué tener miedo en decirlo”.

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